jueves, 20 de agosto de 2009

"CISARRO", "CEJAS", "LOQUIN" Y CIA.

Hay un dogma en nuestro imaginario colectivo: la educación todo lo puede. Sería algo equiparable sólo a la lámpara de Aladino o a la piedra filosofal. Se la visualiza mocha, es decir, restringida sólo al aula. En ese contexto los educadores seríamos algo así como alquimistas competentes para convertir el plomo en oro. Al perezoso lo transformamos en dinámico, al limitado en talentoso, al psicótico en normal, al delincuente en honesto, al grosero en gentleman. Nada más erróneo. El plantel, agrade o no, recepciona un material humano ya formado, preformado o deformado por previas influencias educativas de índole diversa. Otros factores de la misma naturaleza operan de modo paralelo a la labor escolar desdibujando y hasta devaluando o desmintiendo pautas, valores y conocimientos impartidos por el docente. Eso no se comprende. Cosa curiosa: los mismos profesores son los que se ponen la soga al pescuezo exaltando su labor como algo tan, pero tan trascendente que ahora la sociedad entera les exige el producto prometido. Es poco lo mostrable... Ni el ebanista más diestro podría convertir en cedro o coigüe una madera apolillada o podrida. se debe despojar a la escuela de esa supuesta energía milagrera. Aun más, su influjo está disminuido porque -en función de un erróneo democratismo- los padres y apoderados así como los seremis mutilan de autoridad de aquellos que enseñan. Miles de colegas bregan -día a día- contra la apatía y expuestos hasta a agresiones. Los "discípulos" los estiman odiosos obstáculos para el atropellador afán de ascenso social que les inyecta el hogar, el barrio o la TV. De allí que chantajeen por notas azules y clases "entretenidas" juzgando algo "normal" las promociones automáticas. En tal panorama -analizada en mi "Libro negro de nuestra educación"- es imposible el "desarrollo integral de la personalidad" , por ejemplo, de "Cisarro", "Cejas", "Loquín" y Cia...

No hay comentarios: