jueves, 30 de junio de 2016

LO ANDINO

Es una identidad que está por encima y por debajo de los límites interestatales. Abarca lo sustantivo del Incario, que después es el Virreinato del Perú. Su sustento físico es la monumental cordillera que se eleva como para defendernos de las furias del Pacífico. Tal cordón montañoso cubre nuestra América, de sur a norte, por el flanco occidental. Se extiende de Tierra del Fuego a las Antillas.

Lo bautizan los exploradores ibéricos empleado para ello el término quechua "anti".El paisaje agreste y risueño, su gente mixturada, los modales incaicos y virreinales, el clima y el vestuario, el tipo de alimentación van condicionando un estilo específico diverso al  imperante en el área atlántica. Lo andino supera lo puramente peruano y boliviano. Se expande sobre Ecuador y Chile y alcanza el norte de Argentina y aun el sur de Colombia..

Lo andino explica aquí el éxito de los Los Jaivas, Illapu, Quilapayún e Inti-Illimani así como el florecimiento de infinitos conjuntos de música y baile que florecen y no sólo en Arica, Tarapacá y Antofagasta. La política -durante el régimen militar- impulsada por los Huasos Quincheros reduce lo criollo sólo a lo colchagüino constituye un fracaso. Tanto como el decreto de Pinochet imponiendo la cueca como "danza nacional".

La misma cueca se baila en no menos de cuatro patrias del Cono Sur y en Perú se rebautiza como "marinera". El chauvinismo también se presenta en Evo Morales quien acusa a Chile de plagiar la Diablada. Alega también que el charango es boliviano. No es sólo la música, la danza y los instrumentos son escenario de torpe disputa.  La polémica abarca también lo «bebestible» y lo comestible. 

Entre Chile y Perú hay una entrevero por  el pisco. La paradoja reside en que por, sobre lo controvertido, lo esencial, empuja a la integración. Los contrincantes –por ahora intoxicados de patriotería– no visualizan que nuestras patrias poseen como un sello común. Eso no excluye, sino empuja a reconocer como agresiones las guerras del ayer.. Tal compromiso implica una nueva diplomacia y una enérgica revisión de nuestra historia.

miércoles, 29 de junio de 2016

PIZARRO Y VALDIVIA

Un alcalde de Lima de "cuyo nombre no quiero acordarme" retira la  estatua de Francisco Pizarro. Este desborde indigenista –que no proviene de los indígenas– ya había tenido un brote. Se recuerda el intento de rebautizar la Casa de Pizarro –equivalente a La Moneda– como Casa de Tupac Amaru. Ahora la demagogia alcanza el clímax agraviando la memoria de quien es el fundador del Perú. Son los mismos ibéricos  quienes no usan la expresión "Nueva Castilla" para referirse al Virreinato, sino adaptan el vocablo quechua "Birú" que el uso convierte en "Perú". 

Hay subyacente, en el populismo municipal, nostalgia por lo prehispánico. En toda nuestra Patria Grande la indolatría demuele nuestra dual identidad. Sin embargo, es inviable un retorno al Tahuantinsuyo. La degradación del héroe de la Isla del Gallo no enaltece a Atahualpa. Ambos son fuentes de la peruanidad. Renegar del legado peninsular es quedarse con un Perú tuerto, manco o hemiplégico. Además, vulnera una herencia etnocultural que da urdimbre común a la familia hispanoamericana de pueblos que es mestiza.

Aquí mismo ciertos líderes mapuches aluden a Pedro de Valdivia como un genocida y suelen amenazar su monumento. La misma tarea venenosa la efectúan los maestros de escuela para quienes Lautaro es excelso héroe. Nada menos equitativo. Las principales ciudades del país son obra del estadista que no sólo funda Santiago, sino la mayoría de los centros urbanos, explora  el territorio y es nuestro primer literato en prosa así como Ercilla lo es en verso. El atentado contra su memoria y el agravio al bronce que la perpetúa constituye una afrenta a la chilenidad. 

Chile no es Arauco, sino fusión de lo hispánico y lo aborigen. Es la mesnada almagrista la que bautiza el territorio con una palabra aimará. Los soldados de Carlos V no usan la expresión "Nueva Extremadura". La amalgama racial sólo a título excepcional es iberomapuche Por ese motivo –para no acentuar nuestra crisis de identidad– debemos veneración, por igual, a ambos legados. Honrar a Valdivia no empequeñece a Lautaro. Uno y otro héroe simbolizan Chile en su semilla. Lo mismo es dable opinar respecto a Pizarro cuya gloria no disminuye la grandeza del Incanato

lunes, 27 de junio de 2016

OPINION DE PIO BAROJA

Corría el año 1904 y aquella tertulia, que había abierto el gallego Ramón María del Valle-Inclán en el  Café de Levante, hervía por las noches con la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y los artistas más significados, entre ellos Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñol, Mateo Inurria, Chicharro, Beltrán Masses o Rafael   Penagos.
Y aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 el que sorprendió a todos los presentes fue Pío Baroja. Porque cuando se estaba hablando de los españoles y de las distintas clases de éstos, sorprendió a todos expresando:
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La verdad es que en España hay siete clases de españoles... Sí, como los siete pecados capitales. A saber:

1.   Los que no saben;
2.   Los que no quieren saber;
3.   Los que odian el saber;
4.   Los que sufren por no saber;
5.   Los que aparentan que saben;
6.   Los que triunfan sin saber, y
7.   Los que viven gracias a que los demás no saben.
Estos últimos son los politicos.



domingo, 26 de junio de 2016

LOA AL AJI

Se aprecia sólo cuando está ausente. A media batalla con el caldo, el guiso o el asado se advierte que algo falta. Es una sensación difusa. De pronto ese «algo» se explicita y entonces el hijo implora a la madre, el parroquiano a la cocinera, el esposo a la mujer: «ajicito, por favor». Lo elogia, tempranamente, el Inca Garcilaso de la Vega Chimpuocllo en "Comentarios Reales" y México lo pasea por el mundo, envasado, en la variedad jalapeña.  

La urgencia y el diminutivo denuncian el secreto pacto del chileno con el ají. Puede estar seco, verde o «colorado», en tradicional cubeta de greda o en moderno envase plástico. También escabechado. Como pebre está mezclado con cebolla, ajo, yerbas aromáticas, tomate y sal. La mixtura realza su sabor particular que adereza cualquier merienda incluso el "pan pelao". Si no estuviese preparado se masca fresco recién adquirido en el mercadillo cercano.

En el exterior se echa de menos en la mesa tanto como la cordillera en el paisaje. Lo elogia el folklorista Tito Fernández al aludir al "pebre cuchareaó que preparaba la mamá", Compartimos esa gastronómica nostalgia con todos los andinos más los mexicanos. Bolivianos, peruanos y chilenos así como los argentinos del Interior son adictos. El rotundo éxito mapochino de la cocina peruana  se debe al énfasis en el uso de este condimento. 

Aquí –en este "país esquina con vista al mar"- junto con la alcuza en que comparten en ibérico maridaje el aceite, con el vinagre y el salero está como aliño el ají. Aquí hay «rotos paleteados», «rotos cancheros» así como «rotos ordinarios» y «rotos de m...», mas todos somos «rotos picantes». Este  adjetivo hunde su raíz en la devoción por esa cartuchera vegetal de abolengo quechua que enciende el apetito dando rango de banquete al alimento más humilde.

viernes, 24 de junio de 2016

·3 RAZAS

Renovar interpretaciones y enfoques en los docentes básicos y medios es difícil. Lo frecuente es la repetición de lo mismo que una vez aprendieron ya sea en las aulas de la Escuela Normal o en una Facultad de Educación. En su defecto, por cuenta propia ante el compromiso de enfrentarse a un curso para enseñar determinado tema. El preofesorado compra libros, pero no los lee... Ahora con Internet existe excusa hasta para evitar el desembolso. Hay, pues una ignorancia supuestamente ilustrada que se atrinchera tras el diploma. Eso si, hay espacio para la quejumbre y la protesta por lo cual las huelgas magisteriales son frecuentes.

Se registran modificaciones en el cómo enseñar, es decir, algo se reforma la didáctica. No obstante, lo que se enseña, particularmente, en Ciencias Sociales continúa estático. Imposible convocar a los colegas a reflexionar sobre algún tema,"Pedir peras al olmo o uvas a la zarza" es sugerir se interesen en una pequeña investigación. Hasta los chistes utilizados para amenizar las disertaciones se reiteran año a año. Este «vitroleo» no se detecta por efecto de las promociones automáticas. Se identifica, a propósito de la Independencia, a "realistas" con "españoles" y se enseña, por ejemplo, «hay tres razas: blanca, negra y amarilla".

Tal  clasificación  ya milenaria, echa sus raíces en la Biblia. Los hijos de Noe son Sem. Cam y Jafet. De allí derivan los semitas (blancos), los camitas (negros) y los jafetitas (amarillos). Así vieron los paleohebraicos su universo. Obvio, tal enfoque , excluye al mundo amerindio. La raza con que se tropieza Colón no empalma en el esquema. Peor aún, no da espacio para aludir al mestizaje sin el cual Iberoamérica es inexplicable. Los alumnos –en el triángulo groseramente reduccionista– se ubican, por descarte, en la raza blanca. Con ello nos asocian con Europa y EEUU.. He allí un factor no investigado de nuestra crisis de identidad

jueves, 23 de junio de 2016

EL MATE EN CHILE

Durante nuestro ciclo ibérico –tres siglos– se implanta el mate en Chile. La yerba se trae del Paraguay. En el Valle de Elqui, según testimonio fotográfico, Gabriela Mistral aparece compartiéndolo con sus amigas. Vimos a nuestras abuelas, con el brasero encendido. Se asocia  con el chismerío. De allí eso de «viejas materas». Cuando los rioplantenses lo ceban con agua a punto de hervir hay aquí perplejidad, pues el chileno opta por el mate cocido. Beberlo helado al estilo paraguayo -tereré- es imposible de imaginar. El mate no logra sentar reales en Perú o Bolivia donde ese espacio lo cubren, respectivamente, el café de Chanchamayo o la infusión de coca. 

Manuel Seoane –aquel peruano fundador en Chile del periodismo moderno y frustrado impulsor de una alianza entre Haya y Perón-  en su libro «Rumbo argentino» un capítulo se titula Misión nacionalista del mate criollo. También sobre el tema escribe en verso Exequiel Martínez Estrada, y hay nota costumbrista de Manuel J. Ortiz en «Cartas de la aldea». También lo estudia de modo muy erudito  Amaro Villanueva en «Arte de cebar» y página clásica sobre el tema redacta el uruguayo Roberto Ares Pons. Igual es valioso el comentario  «La existencia del alma de Caio». Ver http://mujergorda.bitacoras.com/cap/000131.php.

El mate es otra expresión del mestizaje. La Compañía de Jesús, en contacto con el mundo guaraní, universaliza el brebaje. En la patria de Solano López nacen las plantaciones, las secadurías, el ensacado y la comercialización. El producto alcanza influjo conosureño. También ha sido bandera patriótica. La consigna "¡Mate si, whiski jamás!» se impone en 1945 y triunfa el peronismo sobre Braden... En relación con los aperos del mate –amén de vasija aquí siempre calabaza o sencillo jarrito de fierro enlozado– está la bombilla y caja rectangular con dos recipientes. Uno de la yerba y el otro del azúcar, pues el criollo bebe amargo, pero lo prefiere dulce.

martes, 21 de junio de 2016

NUESTRA HISTORIA: INTERPRETACIONES Y APRENDIZAJES

¿Descubrimiento, encuentro o fusión?
Grabado del siglo XVII
Se escribe y enseña nuestra historia arrancando de la Independencia. Atrás quedan los tres siglos de la mal denominada "Colonia"´. Siempre es descrita como opresiva y oscura. La época indígena se lapida como "Prehistoria" aunque se aprende que tan dilatado lapso “se inicia  con la aparición del hombre y finaliza con la invención de la escritura” hay testimonios de grafía azteca, maya, chibcha y hasta pascuense ¿Algún docente cuestionará eso de "Prehistoria"? Adelanto la respuesta: ninguno. Un enigma es el conformismo del magisterio en asuntos, supuestamente, de su experticia.

Ello porque quienes enseñan a infantes, adolescentes y jóvenes están nutridos no sólo de los dogmas fragmentadores, sino también de la convicción que la historia comienza al vincularnos con el Viejo Mundo. No obstante –y he aquí otra manifestación de la desubicación- se ignora la protohistoria ibérica. La explicación está en que las oligarquías lugareñas repudian tanto el ayer indígena como los ancestros peninsulares. Aunque legitiman la ruptura con Madrid identificándose con Cuactemoc, Atahualpa o Lautaro sabemos, de su doble juego, pues  usurpan el terruño ancestral a los aborígenes.

Finalizan –se sabe– en el calco de lo exótico. Eurocentrismo, indolatria y patriotería constituyen la hipotenusa y los catetos del triángulo. Es como el de las Bermudas donde son infinitos los naufragios uno de ellos es el de nuestra identidad. Se ignora la admonición de Bolívar: “no somos indios ni europeos, sino un pequeño género humano mixto...". Sosteniéndolo están Martí, Sandino, Gabriela Mistral, Darcy Ribeiro, Antenor Orrego y Ramos. Estos exaltan el mestizaje y afirman que nuestra América es una nacionalidad desmembrada y las repúblicas, partículas de un todo orgánico fundado por Carlos V y Felipe II.

 Cada tratado y cualquier modesto texto escolar reafirma el error, según el cual, las veintitantas patrias son "naciones" y la vecina está poblada de enemigos de ayer, de hoy, de mañana y de siempre. Fronterizos o no son siempre visualizados como "extranjeros" y con defectos y carencia que los tornan abominables. Juan José Arévalo, para referirse al Continente, que más bien parece un archipiélago, expresa que nuestras repúblicas "semejan témpanos que flotan en un océano de frialdad sin conexión submarina y privados de común horizonte".

Los enfoques insularistas son asumidos como propios por las capas medias y la masa popular aplastadas por la cultura oficial que se inyecta a través de la prensa y la TV de cada país. Estas consagran los particularismos que disuelven la unidad de la patria común que fuese un sólo cuerpo sociopolítico durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Cada habitante es inducido  a sentirse "distinto" y "distante" –y a veces "superior"– a los oriundos de otros segmentos del contexto hispanoamericano. Tarea difícil es aprender. Sin emarrgo, más más duro es "desaprender".

lunes, 13 de junio de 2016

MONARQUIAS EN IBEROAMERICA

Se cree -quizás por el influjo de la Revolución Francesa (1789)- que el Nuevo Mundo, desde la emancipación, es republicano. Ello no es efectivo. Efectivamente, apenas diluido el peligro de la restauración borbónica se fundan repúblicas. Sin embargo, la monarquía como esquema de gobierno continúa vigente. Etimológicamente es el gobierno vitalicio de una persona que ciñe corona y esgrime cetro con hijo que. a su deceso o abdicación, ocupa el trono y hereda el poder absoluto o limitado. Hoy tal fórmula de gobierno -sólo para eferirnos a Europa- posee vigencia en los Países Bajos, España, Gran Bretaña y Escandinavia también conserva vigencia en Iberoamérica.

México es patria de dos Imperios. El de Agustín de Iturbide (1822-1823). Este militar consolida la soberanía del finalizado Virreinato de Nueva España, Contiene la inestabilidad política y esquiva la maniobra de Washington en orden a desmembrarlo. Se derrumba y se vuelve a ensayos republicanos. En 1864 -a horcajadas de la intervención militar francoespañola- nace el el II Imperio  mexicano. Lo representa el archiduque Maximiliano de Austria. Soporta la oposición de Benito Juarez. Se desploma en 1867. Ha finalizado la Guerra Civil norteamericana: La Casa Blanca vuelca entonces su apoyo a la guerrilla juarista. El emperador es derrotado -e igual que a Iturbide- lo fusilan. 
Cetro y corona: símbolos de la monarquía junto con el trono

Aunque Haití es el primer país emancipado de la tutela europea y pionero de la fórmula republicana ensaya, posiblemente imitando a Bonaparte, un Imperio. Dura un decenio de 1849 a 1859. Lo personifica el militar Faustino Soulouque con el título de Faustino I. Otro Imperio cuyo prestigio y solidez, obvio, supera a los ya enumerados es Brasil. Permanece de 1822 a 1886 bajo una monarquía que la emblematizan  Pedro I y Pedro II. Se supone que ese poder central fundado por la dinastía Braganza evita la fragmentación de Lusoamérica dando al país la gravitación que ostenta ayer y hoy. 

En el Chile meridional -también por influjo de Napoleón III- entre 1860 y 1862 surge una monarquía. Como titular del Reino de la Araucanía y la Patagonía aparece Aurelio Antonio I. Santiago lo denuncia como perturbado mental y lo deporta. En la Francia actual hay quienes se proclaman herederos de este efímero rey francomapuche. No son pocos los ideólogos del siglo XIX que propician reinos o  imperios. Ello sustantivamente para contener el caos y también el desmembramiento de un mundo que nace unificado y con la Independencia se atomiza. Después de la batalla de Ayacucho hubo quienes anhelan proclamar a Bolívar emperador ¿estarían equivocados?       

POINSSET Y EL IMPERIALISMO

Los que estudian Historia de Chile -al "aterrizar" en la Independencia- tropiezan con Robert Joel Ponsset (1779-1851). El manual lo presenta como "el primer diplomático de EEUU acreditado en el país". Se añade "su influjo implica la promulgación del Reglamento Constitucional (1812)". Tal Carta precipita el quiebre entre Santiago y Madrid y malquista al Poder Ejecutivo con la Iglesia al omitir el adjetivo "romana" para referirse a la religión del país. Se omite que lo redacta este agente extranjero que además interviene en la política interna, diseña la bandera carrerina y el primer escudo. Se liga a los "exaltados" que son los insurgentes "ultras". No sólo eso también, participa de las refriegas bélicas de la Patria Vieja. El general José Miguel Carrera -por su padrinazgo- ingresa a la masonería. El rito de iniciación se efectúa en Baltimore (1816). Ello explica que la CIA de entonces y empresarios estadounidenses lo apoyen con barcos, personal y pertrechos, después del desastre de Rancagua.

Poinsset por su familia de origen posee antecedentes calvinistas, es decir, protestantes. Lo anima la fobia al catolicismo y a España. Después de su experiencia austral es designado agente en México por el Presidente Monroe. Allí presiona al Imperio organizado por el general Agustín de Iturbide. Ello para que México venda a EEUU su provincia de Tejas. La meta de la Casa Blanca es anexar no sólo esa comarca hoy rica en ganadería y petróleo, sino también Nueva México, Colorado, Arizona y California. Es la política del "destino manifiesto" que apunta a trasformar aquella república apenas una franja de suelo constreñido entre los Apalaches y el Atlántico en una país bioceánico que desde 1898 es el Coloso del Norte. En esa tarea se empeña este "diplomático" angloamericano que, por ignorancia o servidumbre, se reverencia en Chile. Los textos escolares omiten reseñar su intrusiòn  y, en Santiago, una calle ostenta su nombre.

México padece una "guerra fría". Así como entre 1946 y 1990 nuestra América cae bajo el influjo de Washington o Moscú a comienzo del siglo XIX la clase política -siempre incompetente para visualizar un horizonte propio- se torna satélite de Yanquilandia o del Reino Unido. El contrapunto, en México, se expresa a través del choque entre dos facciones. Una anglófila apodada "escocesa" y otra pronorteamericana conocida como "yorkina". La última es fundada por Poinsset usando para ello la masonería del Rito de York. Las tensiones y reyerta cívicas debilitan a otrora Virreinato de Nueva España que fuese el Imperio de Iturbide. Al no cuajar los intentos de comprar Tejas este territorio de secesiona (1835-1836). Los mexicanos deben aceptar esa mutilación. Luego vendrá la guerra entre México y EEUU (1846-1848). Ello significa que pierden la mitad del territorio. Es el producto de la faena pública y  secreta del personaje cuya biografía se reseña.

viernes, 10 de junio de 2016

PUEBLOS ORIGINARIOS

La expresión anotada como título se usa frecuentemente. Supera a aquella otra: “minorías étnicas”. Vale la pena analizarla. Implica evaluar como raigal sólo lo amerindio. Lo otro, el 90% de la población –como se escucha a líderes indigenistas- es un collage, es decir, una suerte de mosaico sin pie ni cabeza. La chilenidad, por ejemplo, sería invención advenediza y tardía. Lo único nativo  –en el continente- es ese 5% de población autóctona. El otro 5% son los euroinmigrantes y los que se creen tales para distinguirse de la masa. Incluso lo de “autóctono” es discutible. Sin embargo, quedemos por ahora en eso de “originario” que convierte, de “golpe y porrazo” a 400 millones de mestizos en extranjeros.

Iberoamérica –tal cual hoy la conocemos- con todas sus cualidades y defectos es producto del choque entre la Península y el Nuevo Mundo. Aquí ingresan los conquistadores y exploradores que bajan de carabelas y galeones. No son turistas ni circunstanciales mercaderes. Vienen y para quedarse. Convierten el gigantesco espacio en domicilio. No traen familia, son célibes y ajenos a los prejuicios raciales. Generan una muchedumbre que numéricamente los supera: los mestizos. Como todo grupo dominante privan a las tribus de las muchachas. En ellas engendran estos “terceros en discordia”. Son los “hijos de la mezcla”, según feliz expresión de Rubén Blades.

Los intereses forasteros, la leyenda negra y la sensiblería juvenil favorecen este marbete –“pueblos originarios”- que es mendaz. Ello porque en esta América –de Tierra del Fuego a Alaska- no es fácil establecer quien primero se radica. Cazadores siberianos, canoeros polinesios o maories australásicos serían el abolengo de las heterogéneas colectividades indígenas, Con ellas de modo gradual irán entrando en contacto -bélico o pacífico- el otro pueblo originario –hispanos y lusitanos- que también plasma nuestro ser nacional. Ello sin olvidar el contingente afronegro. Son las tres fuentes originarias de nuestro ser desmembrado, políticamente, con la emancipación.

En nuestra América no hubo holocausto -es decir, genocidio- ello no por filatrópíca evangelización, sino por necesaria mano de obra. Sin braceros no es posible edificar ciudades y cultivar campos, talar bosques y ensanchar senderos. extraer metales y ocuparse del ganado o usar la madera para naos y faluchos. Los conquistadores son una minoría con fuerza laboral limitada. El milagro de civilizar nuestra América acorde con la patrón peninsular se logra con la energía de la muchedumbre indígena. Hubo un proceso de transferencia tecnológica. Ese fenómeno de docencia compulsiva implica mixturar estrategias, estilos e ingredientes, pues los amerindios no son tabla rasa. 

Perdura lo aborigen en manifestaciones como la gastronomía y la arquitectura, el arte pictórico y la imaginería para citar apenas cuatro esferas. En lo biotico un nuevo paño poblacional se interpone ente "conquistadores" y "conquistados".  Como expresa Gabriela Mistral  "En México, Perú y Chile somos el azteca-español, el quechua-español o el mapuche-español". La rotunda prosa mistraliana de El Grito es la apología de la amalgama. Hubo mestizaje por violación o de tránsito así como barraganía estable en la vida de la hacienda o en los caserones de las nuevas ciudades. Nacían  párvulos que escogían el castellano como idioma no sin adicionar vocablos de los dialectos maternos y asumían como propia la fe de los fundadores. 

Nuestro sello -se reitera-  es la mixtura. Los iberos ostentan vocación de mestizaje. A los pocos años de fundado Santiago de Chile, narra un cronista, “la quietud de la plaza es alterada por mozuelos con sus juegos y bregas”. Jamás esos adustos vecinos “importan“ infantes desde España ¿Cómo es posible que -en el eje urbano central- aparezca ese enjambre de chavales con sus travesuras y riñas. Lo explico: es el fruto del “mestizaje florido”, dicho de otro modo, ya no son los que ya están ni los que llegan. Se trata de los protosantiaguinos, los primeros chilenos y como tales tan “originarios“ como sus madres picunches. Vía ius sanguis y ius soli son nacionales.